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miércoles, 1 de mayo de 2013

Curso de Oceanografía, por Toni Butt



Toni Butt
            Recientemente he asistido a un curso de un día de duración que dio el surfista y oceanógrafo inglés Toni Butt en la Casa de la Cultura de San Ciprián, localidad de la Mariña lucense, organizado magníficamente por el animoso Club de Surf Limosa de aquella localidad.
      San Ciprián hace muchos años que lo conozco, y desde la primera visita me impactó enormemente por su belleza y singularidad, ya que se asienta sobre un estrecho y arenoso istmo, con agarimosas playas rodeando las casas.


San Ciprián

            El curso constó de dos sesiones, mañana y tarde, cinco horas en total, durante las que Toni nos fue describiendo nociones de meteorología primero, para explicar luego la génesis de las olas, de las marejadas, su propagación por el océano y lo que pasa cuando llegan a la costa.
            Creo que Toni no necesita presentación, todos habéis oído hablar de él. De todas formas, sucintamente diré que nació en Bournemuth, población inglesa de la costa sur de Inglaterra, y que tiene ahora 52 años.
            Se tituló primero como Ingeniero Técnico especialista en electrónica, trabajando como tal varios años, hasta que decidió volver a la universidad, doctorándose en Oceanografía Física por la Universidad de Plymouth.
            Buscando quizás buenas olas y un clima algo mejor se vino al País Vasco, y residió en Sopelana siete años, durante los que comenzó a probar las olas grandes, convirtiéndose, como no, en local de Meñakoz, ola que surfeó hasta conocerla como el pasillo de su casa.
            Pero Meñakoz, de ser una ola con la que pocos se atrevían, terminó siendo un spot bastante saturado de surfistas que desafiaban los derechones y los calvos (creo recordar que les llaman así a las rocas que hay en la trayectoria del surfista en este spot).
            Por ello Toni, que confiesa ser poco amigo de las multitudes en el pico, se marchó en busca de nuevos horizontes, viajando hacia el Oeste y llegando por fin a la costa Asturiana, en donde se ha establecido desde hace varios años en un encantador pueblito de esta costa, La Caridad, entre Navia y Tapia de Casariego.
            Desde aquí se ha dedicado a explorar la costa asturiana en busca de olas grandes surfeables, y dice haber encontrado algunas magníficas. Incluso se atreve a comparar una de ellas (en ubicación secreta, por supuesto) con Mundaka, describiéndola como más grande y el doble de larga, lo que sin embargo le ha costado la respuesta excéptica de muchos surfistas vascos. Aunque, lógicamente, no hay porqué desconfiar de la opinión de Toni, sobre todo porque la costa asturiana (y esto lo digo yo que la conozco bien) tiene fondos que son perfectamente capaces de dar olas increíbles, solo hay que estar allí el día adecuado con la marejada adecuada. Recuerdo hace muchos años haber visto cerca de Tapia de Casariego olas que, rompiendo a una milla de la costa, recorrían quinientos o seiscientos metros manteniendo un tamaño muy respetable. Pero esa es otra historia.


En pleno curso
Texto: Carlos Bremón
Fotos:The Old, the young & the sea, Pisosnesubasta.net y el autor



jueves, 4 de abril de 2013

Lo que pudo acabar con la playa de Pantín



            Mediados de los setenta, concretamente verano de 1974. En España, la dictadura está en sus últimos meses de vida, y el tiempo en el que la opinión popular contaba tanto como la de las sardinas del mar, está llegando afortunadamente a su fin.
            Galicia se ha convertido en el huerto particular de unas compañías, las papeleras, que han visto que poseemos dos cosas fundamentales para producir la materia prima de su industria: sol y agua. Enormes superficies de territorio, en especial el que está cerca de la costa, es repoblado con eucalipto, a pesar de la degradación que produce en las tierras este cultivo, que es quizás la primera planta invasora que nos llega de otro continente.
            Por esta razón una empresa guipuzcoana está recorriendo nuestra geografía regional en busca de unos terrenos en los que montar algo que, seguramente, ellos no quieren en su región: una fábrica de celulosa. Hay un primer intento de instalarla en la comarca de O Barco de Valdeorras que fracasa por la oposición frontal de sus vecinos.
            No recuerdo bien –estoy hablando de memoria- si hay algún otro intento antes del que ocupa el protagonismo de este relato.
            El caso es que, al poco tiempo, los medios de comunicación gallegos averiguan que las tentativas de instalación de dicha fábrica se han trasladado a una pequeña y olvidada playa del norte de la provincia de La Coruña, a una zona marginada del progreso y de la industrialización, fértil posibilidad por ello para las intenciones del grupo industrial que está detrás del proyecto. Y esa pequeña y olvidada playa es nada más ni nada menos que Pantín, cuya parroquia pertenece –en aquella época- al municipio de Cedeira.

            La opinión pública sabe, y de todas formas los medios de comunicación lo airean convenientemente (ya digo que la dictadura, en ese momento, ya no es lo que era, si no ningún medio se habría atrevido a decirlo) que las fábricas de celulosa se caracterizan por ser una de las industrias más contaminantes que existen.
            Pues bien, el proyecto es montar esta fábrica en pleno carrizal de Pantín, una zona como todos sabéis de altísimo valor ecológico y de una belleza inigualable.
            Inmediatamente se producen las primeras protestas. El 4 de septiembre una manifestación de doscientos vecinos recorre la zona para reclamar la atención de la opinión pública por lo que ellos ya entienden que es un atentado contra la naturaleza, y que no están dispuestos a consentir.
            Pero hay opiniones favorables a la celulosa. Alguna prensa se pregunta que es mejor: ¿industrias –aunque destruyan el paisaje y sean nocivas para el medio ambiente- y con ello mejor nivel de vida, o seguir como hasta ahora? Y el principal argumento esgrimido son nuestros hombres trabajando en el extranjero, en la emigración.
            Pero también surge otra polémica entre los gallegos que sería larga en el tiempo. Y es la de que, ya que nos tenemos que comer la contaminante industria de la celulosa, ¿por qué no nos instalan fábricas de papel, mucho menos perjudiciales e igualmente beneficiosas para la economía? Pero ese caramelo no nos lo quieren conceder. En su día, el empresario y promotor industrial Roberto Tojeiro, dijo públicamente que fueron los vascos y los catalanes los que nos impidieron hacer papel en Galicia.
La playa y el carrizal, al fondo
            Pero volvamos a Pantín. La lucha de intereses es dura, y más en aquellos tiempos. El 26 de septiembre el Ayuntamiento de Cedeira, encabezado por su joven alcalde, Leopoldo Rubido, muestra su desaprobación al proyecto, al contrario de lo que hace el de Ferrol, que lo apoya. Tanto, que una comisión de vecinos visita al Capitán General del Departamento Marítimo para hacerle patente su rechazo y solicitar su apoyo. 


            ¿Os imagináis una enorme, fea y humeante fábrica aplastando el carrizal de Pantín, y vertiendo sus asquerosos detritus sobre las olas de la playa? Acordaos de la fábrica de Ence en Lourizán, cerca de Marín (Pontevedra). Ahora, al cabo de los años, han conseguido hacerla mucho más soportable a los vecinos y cumple con unas limitaciones y mejoras en materia medioambiental, pero todos nos acordamos del asqueroso olor que, constantemente, recorría todo el municipio pontevedrés, y que se detectaba kilómetros antes de entrar en la ciudad, y la tremenda contaminación que produjo durante muchos años y que aun permanece en gran parte en los fondos de la ría, y su enorme balsa de lodos y residuos con aguas negras y malolientes.


            Yo, que entonces ya conocía y había surfeado en solitario la playa de Pantín, seguí con ansiedad todo este proceso, y respiré aliviado cuando se declaró que los promotores abandonaban el proyecto ante la oposición –que seguramente no esperaban- de los que, en principio, habían creído que resultarían ser unos analfabetos e ignorantes aldeanos.    
            Por esta vez al menos triunfó la voluntad popular sobre los intereses espurios.

1972. Mi primer baño en Pantín

                                                   Texto: Carlos Bremón
Fotos por orden: Guias.masmar.net, Forocoches.com, Visionesdeferrolterra.blogspot.com, Csif-ENCE, Concello de Pontevedra.eu, Carlos Bremón



lunes, 11 de marzo de 2013

El viejo, la vaca y Pantín

            La mañana es tranquila y el sol nos llega con la suavidad propia de primeros de marzo, a pesar de los velos traslúcidos de unas nubes que parecen recordarnos que todavía debemos terminar un duro invierno.
            Acabamos, Cris y yo, de coger unas pequeñas pero cariñosas olas, en solitario, privilegio raro en esta playa pero posible si te conformas con ir en medio de la semana y a hora temprana, en un día en el que el mar parece estar dormido, y que te envía como con pereza y  solo de vez en cuando alguna ola que debes aprovechar sin muchos remilgos.
            Pero disfrutar del surf es también eso: la soledad de una playa que siempre nos parece tan virgen como el primer día, con la única compañía de alguien querido, y con la satisfacción de coger, de vez en vez, una ola que rompe perfecto aunque mida cincuenta centímetros. Cambiarte luego en la hierba, verde y esplendorosa, salpicada de las flores que anuncian la primavera…y, en fin, la sensación de paz que siempre te invade al final de un baño.
            Ya secándome con calma me llama la atención una vieja vaca que disfruta, también y a su manera, comiendo la fresca y jugosa hierba. Se va moviendo con lentitud, buscando sin duda los mejores bocados. Pronto aparece su dueño, un hombre ya mayor, en el que las arrugas de su rostro nos cuentan, en pocos segundos, sin engaños, la historia de su vida. El hombre en seguida se anima a hablar. Nos dice que pasea su vaca como todas las mañanas, y a nosotros se nos ocurre pensar que lo hace como el que pasea a su mascota: yo a mi perrito, él a su vaca.
- La vaca, ¿tiene leche?-pregunta Cris
- Non, xa non, pero ten que comer coma todos –contesta con seriedad, con una lógica aplastante.
- Pero, entonces ¿para que la quiere?
- De compañeira –vuelve a sorprendernos con esa forma de razonar de las gentes de aldea. Y toma a su vez la iniciativa- ¿Está fría a auga?-como ya sabe la contestación, continúa, sin esperar por la respuesta- Aquí veñen extranxeiros de todas as razas.
            Cuando le confesamos que nosotros somos de cerca, o sea de Ferrol, saca entonces a relucir algo de filosofía campesina- Eu vivo ben aquí, todos nos coñecemos e somos amigos. Nun piso vives coma un paxaro nunha xaula; as veces no coñeces nin a os veciños.
            Después nos cuenta que “o tempo vai cambiando. Fai anos aquí faciamos homes de neve  e a praia quedaba toda branca.
            Y continúa “De Madrid veñen moitos a facer prácticas” (deducimos que de surf) e se queixan, din que “aquí llueve mucho” (utiliza con ironía el castellano). “Pero eu penso que isto e o millor de España porque en verano fai fresco as veces e as veces fai calor e o paisaxe e moi bonito, e nos invernos, aunque choiva non fai moito frío”. “E, ademais, o frio faite duro" añade.
            Hemos recogido las tablas y nos disponemos a marchar. “Volvede cando queirades” nos dice con la autoridad del que se siente dueño de lo que le rodea. Y nos sorprende con la insistencia: “Volvede cando queirades”. Como haría, sin embargo, un perfecto anfitrión.
            Siempre supe que la gente de Pantín, ante la invasión anual de su playa por las muchedumbres venidas de todo el planeta, conservaban con orgullo el sentimiento de que aquel maravilloso paisaje, a pesar de todo, no dejaba de ser suyo y que nadie, nunca, se atrevería a arrebatárselo.  


Texto : Carlos Bremón